Direktlink:
Inhalt; Accesskey: 2 | Hauptnavigation; Accesskey: 3 | Servicenavigation; Accesskey: 4

Eficiencia Energética

La demanda de energía aumenta en todo el mundo. El aumento del consumo de recursos energéticos fósiles acelera el cambio climático. Las reservas de muchas materias primas están a punto de agotarse y los precios de la energía se disparan. La inestabilidad política en muchos países productores de materias primas o de tránsito de estas causa preocupación. Un fuerte ahorro de energía contribuye por ello significativamente a asegurar el suministro futuro de energía y a la política medioambiental. Por todos estos motivos, el Gobierno alemán centra su política energética en el aumento mundial de la eficiencia energética puesto que este disminuiría la dependencia en importación de energía, haría bajar los precios de la energía, reduciría las emisiones del nocivo dióxido de carbono, aseguraría el suministro y contrarrestaría los conflictos generados por la distribución de energía. Por ello, desde principios del 2006 se ha consolidado en todo el territorio nacional el programa de rehabilitación de edificios para la reducción de emisiones de CO2. Entre el 2006 y el 2009 se invertirán 1.400 millones de euros anuales de fondos para el desarrollo en forma de créditos con intereses más bajos, subvenciones y ventajas fiscales. Esta suma es cuatro veces mayor que la prevista en años anteriores. Además, el ejecutivo alemán acordó en Meseberg en agosto del 2007 un amplio paquete de medidas para la protección del medio ambiente por medio de un programa integrado de energía y medio ambiente compuesto por catorce leyes y reglamentos.

Alemania ocupa en eficacia energética una posición destacada con relación a otros países. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, Alemania integra junto con Japón el grupo de cabeza de los estados industrializados que con un gasto de energía relativamente bajo alcanzan un alto rendimiento económico. Ello es posible gracias a que Alemania posee un amplio know-how en el campo de la eficiencia energética. Desde 1990 Alemania ha disminuido incluso el consumo de fuentes primarias de energía en términos absolutos mientras su producto social ha aumentado. Asegurar de forma duradera el suministro de energía exige, sin embargo, unas medidas más amplias a favor de una utilización ahorrativa y eficaz de la energía por parte del consumidor final en las empresas, en el sector público, en la industria y en el sector servicios y, especialmente, en el consumo privado. Por este motivo, el Gobierno alemán aspira a duplicar en 2020 la productividad energética total respecto a 1990. Esto significa que en el año 2020 se consumirá la mitad de energía por cada unidad del producto social bruto que en 1990. Para lograrlo, se requiere aumentar la eficacia energética en toda la cadena. Esto afecta a:

1. La producción y distribución de energía:

en la producción de energía, por ejemplo, la eficacia energética se podrá mejorar considerablemente por medio de centrales eléctricas más eficaces o de la producción conjunta de electricidad y calor y, en su caso, frío. Esta última adquiere una importancia especial en la política climática debido a su elevada eficiencia energética.

2. El consumo de calor y electricidad:

la energía final producida puede ser empleada con mucha más eficacia, por ejemplo, por medio de aparatos más eficaces, evitando las pérdidas del ralentí, usando lámparas de ahorro de energía, mejorando el aislamiento, instalando sistemas de calefacción más eficaces y empleando bombas de circulación con regulación de velocidad. La eficiencia energética y el ahorro de energía no son lo mismo, pero sus resultados sí lo son: reducción del consumo de energía. Según estudios realizados por la Comisión Europea, un hogar medio puede ahorrar entre 200 y 1000 euros anuales si se controla el uso de energía. Las mayores posibilidades de ahorro de energía se encuentran en la calefacción de edificios, en el agua caliente y en los electrodomésticos de gran tamaño. Los hogares alemanes emplean casi el 90% del consumo de energía en calefacción y en agua caliente (no se tiene en cuenta el consumo de combustible de los automóviles). El mayor consumo de energía, unas tres cuartas partes, se emplea en calefacción, de la cual una gran parte se pierde a través de paredes, ventanas, tejado, puertas o suelo. También las calderas anticuadas o bombas de circulación extremadamente grandes, mal ajustadas e ineficientes disparan el consumo de electricidad y calor. En casas de construcción antigua las necesidades energéticas se pueden reducir en algunos casos hasta un 90%; el promedio se encuentra en un no despreciable 50%. También en la industria y en la economía existen múltiples posibilidades de emplear la energía con mayor eficiencia para disminuir su consumo. Según datos del Ministerio de Economía alemán para el 2020 se podría ahorrar entre un 20% y un 40% del consumo energético en el sector industrial en condiciones económicamente favorables. Sólo la propulsión eléctrica es responsable de alrededor de dos tercios del consumo de energía para fines industriales. Con la introducción de reguladores eléctricos de velocidad el consumo se reduciría en un 15%, lo que equivale con más de 4.000 megavatios al rendimiento de tres o cuatro centrales eléctricas.